Lo que tú me quieras dar.  Forma de intercambio en la costa caribe cubana

Cuba, uno de los países isleños que, por su trayectoria política, la jovialidad de sus gentes, la hermosura del paisaje marino, entre muchas otras cosas, es uno de los lugares más interesantes y de gran importancia dentro de la Región Caribe, razón por la que muchos de los veleristas que de todas partes del mundo vienen para cruzar el Mar Caribe, llegan hasta ahí para navegar las 700 millas náuticas de west a east o viceversa de costa caribe cubana, arribar a sus puertos, anclar en sus bahías y visitar sus ciudades.

 Una de las peculiaridades con las que un velerista se topa en Cuba, es la manera como miembros de las comunidades que habitan en la costa caribe de este país, crean espacios de interacción con los navegantes veleristas que transitan su área costera, con una intención específicamente de intercambio que compromete al velerista en una transacción, de la que no conoce su existencia, ni tampoco sus reglas. Este fenómeno social, visto desde la teoría de Mauss sobre el don, nos permite, por una parte, analizar cómo se da esta práctica, y por otra, la comprensión de problemáticas sociales más allá de las fronteras políticas.

¿Reciprocidad o Deuda?

Ferraro, E. (2004) plantea que el debate conceptual alrededor de la noción del “don”, formulado por Mauss, demuestra, que al aceptar algo de alguien significa aceptar la esencia espiritual de su alma, y que quien da, hace un sacrificio con la finalidad de recibir a cambio un beneficio, es decir, al dar establece una deuda y la deuda establece relaciones de reciprocidad. Por otra parte, de su análisis comenta que un aspecto importante a resaltar es que en los clanes existía una finalidad fundamentalmente moral, cuyo objeto era generar entre las personas que intercambian, un sentimiento de amistad, en cuyo campo se desarrolle el acto de dar- recibir-devolver, si la amistad no se crea, no resultaría exitoso el intercambio.

Todo comienza con el abordaje, este debe tener una razón distinta a la del objetivo, es decir, estoy acá porque soy el vigía del medio ambiente, porque soy el o la inspectora del pueblo, o porque solicitan mis servicios. Luego de ese justificado contacto, lo segundo es crear un vínculo amistoso y de confianza con él o la velerista, tejidos con elementos como la jovialidad, la bondad, los buenos modales y la hospitalidad. 

 La intención no es suscitar en el velerista sentimientos de compasión, pues no se siente una persona indigna, sin embargo, sin que sea una queja comentan que sufren unas falencias de tipo económico por formar parte de un sistema político donde ellos no tienen culpa de ser afectados con escasez de productos básicos alimentarios, de vestuario, cuidado personal y demás. Así que antes que pedir, son ellos los que tienen para dar y así quieren ser entendidos.

Entre tanto, el velerista es “aceptado” como una persona bienvenida, especial, con quien se ha creado un vínculo y en esa medida, digno de ser invitado a su casa, a su vida, a su entorno, para que disfrute de los espacios, playas, bahía, acompañamiento, invitaciones a comer, frutas, pescados, frutos del mar.

Ejecutado el proceso, que como vimos anteriormente consistió en cuatro pasos, (abordaje, tejer amistad, evidenciar la escasez y entregar el regalo), ahora debe de haber una reacción del velerista, pues este debe haber entendido las circunstancias y por tanto responder recíprocamente frente a los regalos que aceptó.

¿Pero qué es lo que llama la atención en este hecho o práctica económica de estas comunidades cubanas?

Tejer con el navegante o navegantes un vínculo amistoso muy rápido es importante para estos isleños cubanos que habitan la costa sur, ya que los veleristas van de paso y solo permanecerán un par de días en la mayoría de los casos. De esta manera, como ya se mencionó, los veleristas a través de los regalos amistosos, son involucrados en una transacción de intercambio sin ser conscientes de ello, es decir, están dentro de un juego, pero no lo saben.

Algo interesante fue el día que Ernesto, un habitante de Santiago de Cuba, quien por su cercanía con la marina de esta ciudad tiene facilidades de contactar con los veleristas para prestarles servicios, invitó al grupo de seis veleristas, del que soy miembro, a cenar. Antes de salir hacia la casa de Ernesto para la cena, le pregunté a uno de mis compañeros si llevaba dinero para pagar la cena, “no es necesario, es una invitación”. Ya llevábamos mas de un mes por la costa cubana y ¿todavía no tenían claro que las invitaciones, regalos y demás, eran para crear una deuda que debíamos pagar de manera voluntaria de acuerdo a nuestros criterios de valor del producto? 

Pero ¿Porque es obligatorio devolver un regalo por el regalo recibido? En Santiago de Cuba, última ciudad que visitaremos, luego de ver que Ernesto hizo una inversión de veinticinco dólares aproximadamente para la cena a la que éramos sus invitados y que el regalo de vuelta fue de nueve dólares, después de ver la decepción en la cara de Ernesto y su esposa, decidí entrevistarlo aún en contra de su esposa que le rogaba que no se expusiera a darme dicha entrevista. Mi pretensión era que me respondiera la sencilla pregunta que me había asaltado toda la travesía cubana: ¿porque no le ponen precio por plato a sus comidas y la venden con la certeza de no perder dinero? 

Respuesta: 

Tú tampoco has comprendido que estás en Cuba. El gobierno exige que para vender alimentos hay que tener una instalación adecuada y dotada de cierta manera, yo no tengo el dinero para eso, mas sí puedo compartir mi comida en mi casa con quien quiera, pero no vender.

El gobierno me vigila a través de mis vecinos. Lo hago de esta manera porque se supone que los extranjeros conocen cómo se vive en cuba y deben sobreentender que lo que hacemos es porque la economía de nuestro país no nos deja opciones.

Algunos veleristas lo entienden y nos retribuyen abundantemente, otros nos tratan como limosneros y nos regalan miseria como tus amigos.

¿Y qué obliga al donatario a devolver o ser recíproco? Mis compañeros veleristas, ¿estaban confundidos, se hicieron los que no entendieron o simplemente lo vieron como algo voluntario, aparentemente gratuito? En cada lugar, por respeto y solidaridad hacia los cubanos, preguntaba cuánto debíamos por tal o cual cosa, siempre me contestaron “lo que tu me quieras dar” esto podría ser dinero, ropa, alimentos, utensilios, y demás. 

Para mi decepción y la de los cubanos, mis compañeros veleristas nunca devolvieron un regalo por más de la mitad del valor del que recibieron.

Ferraro, E. (2004). Reciprocidad, don y deuda: relaciones y formas de intercambio en los Andes ecuatorianos: la comunidad de Pesillo. Flacso-Sede Ecuador. 

Marcel, M. (2009). Ensayo sobre el don: Forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas. Katz editores.

Autor: Clara Luz Montenegro

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